Capítulo 6
Las invitaciones llegan a toda la aldea una mañana nublada. Pedro va con sus abuelos hasta la hacienda aislada. Después de la fiesta, las anfitrionas llaman adentro a los hombres más valientes. Entran seis. Ante la propuesta de enfrentar a la vieja misteriosa del cuarto cerrado, cinco desisten — solo Pedro acepta.
Una mañana nublada en que el sol se escondía tenue detrás de las nubes, todos en aquella aldea despertaron con una atracción bastante peculiar. Había una hacienda aislada en un paraje lejano, poco frecuentado, que había enviado numerosas invitaciones a todos los vecinos de los alrededores de su región. En ellas estaba escrito que la gente debía acudir a aquel lugar, pues allí habría un gran evento. Como es muy común en esos lugares pequeños, todos se conocen, y la invitación se difundió rápidamente, movilizándolos para estar en el lugar indicado. Pedro Nolasco da Encarnação, un joven pescador, era uno de los vecinos más entusiasmados por acudir al lugar de la invitación. Aun sin conocer aquella hacienda, que estaba muy aislada, todos creían que era un lugar lleno de abundancia y que allí había hermosas mulatas esclavizadas venidas de África.
Momentos: La invitación · La travesía por el bosque · Llegada a la hacienda · El llamado a los valientes · El salón circular y la puerta estrecha
Capítulo 6 · Una invitación al azar
Las invitaciones llegan a toda la aldea una mañana nublada. Pedro va con sus abuelos hasta la hacienda aislada. Después de la fiesta, las anfitrionas llaman adentro a los hombres más valientes. Entran seis. Ante la propuesta de enfrentar a la vieja misteriosa del cuarto cerrado, cinco desisten — solo Pedro acepta.
Los capítulos 6 y 7 son la prosa original del autor, transcrita sin edición, y usan vocabulario de época y de narrador (“esclavas”, “mulatas”, “señor”). El sitio debe presentarlos como texto literario, con esta nota, y no reescribirlos.
Una mañana nublada en que el sol se escondía tenue detrás de las nubes, todos en aquella aldea despertaron con una atracción bastante peculiar. Había una hacienda aislada en un paraje lejano, poco frecuentado, que había enviado numerosas invitaciones a todos los vecinos de los alrededores de su región. En ellas estaba escrito que la gente debía acudir a aquel lugar, pues allí habría un gran evento. Como es muy común en esos lugares pequeños, todos se conocen, y la invitación se difundió rápidamente, movilizándolos para estar en el lugar indicado. Pedro Nolasco da Encarnação, un joven pescador, era uno de los vecinos más entusiasmados por acudir al lugar de la invitación. Aun sin conocer aquella hacienda, que estaba muy aislada, todos creían que era un lugar lleno de abundancia y que allí había hermosas mulatas esclavizadas venidas de África.
Pedro iba acompañado de sus abuelos, que también se mostraban muy curiosos por saber de qué se trataba. Todos se desplazaron como pudieron: algunos fueron en calesa y otros incluso fueron a pie por los senderos, a través de la Mata Atlántica, muy densa. Fue un viaje bastante difícil, pues en muchos momentos no había un camino definido para llegar al lugar deseado. Para que todos siguieran el viaje con seguridad, unos fueron ayudando a otros en los pasos casi vírgenes. Al llegar a la lejana hacienda, entraron por los portones principales de hierro, que todavía no dejaban ver nada de la magnitud del lugar. Eran estructuras bajas y frágiles, tal vez de apenas un metro de altura y unos cinco metros de ancho en total. En la entrada había una garita construida en mampostería antigua de la época colonial de Brasil. Estaba justo a la derecha del portón, pero no tenía ni puertas ni ventanas, lo que daba a entender que nadie hacía guardia allí desde hacía un buen tiempo.
—¡Bienvenidos! Es bueno decirles bienvenidos. Hoy es un buen día y tenerlos aquí es bueno. Todo el mundo está preguntando por qué los llamamos. Somos vecinas que mantienen los portones cerrados y que no se dejan ver mucho. Algunas cosas cambiaron, y a partir de este día esperamos más visitas. Todos deben de estar muy curiosos por saber todo lo de hoy, así que voy a contarlo todo. Los llamamos para que se diviertan, para que tengan una buena mañana y un día único. Todos fueron invitados, pero ahora que vengan solo los hombres más valientes. Haremos algunas actividades que van a requerir actitud y valor. Vengan y entren en nuestra casa si creen que están aptos para esto.
En ese momento, los hombres más viriles de la aldea se levantaron y de inmediato se mostraron dispuestos a aceptar la invitación. Actuaron de manera distinta a todos los demás que escucharon aquel anuncio y que quedaron completamente cubiertos de dudas. Pedro no quiso quedarse atrás en ese criterio de cuán viril sería y enseguida se ofreció para participar también, como los otros. Era un muchacho joven y no tenía muchas de esas cualidades viriles como los demás. Era pequeño, delgado y aparentemente débil. Las dos anfitrionas acompañaron al grupo de hombres por las escaleras hacia el interior de la casa de la hacienda. Eran exactamente seis participantes contando a Pedro. A los que se quedaron esperando fuera de la casa se les dieron distracciones como música y buena comida. Afuera, todo se volvió una fiesta, mientras que adentro, cada vez más entre las salas de aquella morada, todo se volvía más quieto y silencioso. Entonces las mujeres detuvieron al grupo en una sala vacía y presentaron el esperado desafío. Esta vez fue la mujer más joven quien habló:
Antes de que alguien se ofreciera, se oyeron unos sonidos muy extraños desde adentro. Podían distinguirlos como gemidos de sufrimiento. El miedo a lo desconocido se apoderó de todos, y hasta los más valientes se sintieron despojados de su vitalidad y de la sangre de sus venas. La mujer más joven aclaró que no tenían por qué temer, pues en aquel cuarto solo había otra mujer. Era la más misteriosa, la matriarca de aquella sociedad que habitaba la hacienda desde hacía muchos años, y era ella quien los esperaba adentro. Algunos detalles sobre esta pretendiente desconocida no fueron expuestos con claridad por las dos mujeres, y esa información dicha entre líneas no agradó mucho a los que estaban allí. Hacía poco habían estado con varias mujeres jóvenes y ahora tenían que entregarse sin más a una vieja misteriosa que provocaba miedo por los sonidos extraños que emitía. Aquello era algo que no entendían y que no estaban dispuestos a enfrentar.
Los hombres empezaron a vestirse de nuevo y volvieron por los pasillos refunfuñando sobre lo ocurrido. Al final de aquella retirada, solo Pedro siguió en la sala, pues se sentía de algún modo encantado por la joven que lo había recibido. En un gesto inesperado, decidió mostrar un valor que no se basaba en nada salvo, tal vez, en un intento impulsivo de impresionar a la que lo había encantado. Pensando que no habría nada malo en hacer lo que se proponía, levantó el brazo y dijo que entraría en el cuarto poco iluminado. Como si fuera un trofeo anticipado, Pedro recibió una breve sonrisa de su pretendida cuando mostró que sería el único allí en aceptar el desafío. Muchas veces las personas se ven empujadas a tomar decisiones irreflexivas por el ímpetu de sus sentimientos. Pedro probaría el sabor de una mala elección por aquella actitud movida por una prueba innecesaria de valor.
Momentos: La invitación · La travesía por el bosque · Llegada a la hacienda · El llamado a los valientes · El salón circular y la puerta estrecha