Un rato de charla · Dona Zefa
Llegó el de la capital. Ya lo sabe todo el mundo, no te asustes.
Zefa. Yo quito el mal de ojo, hago té para quien tiene fiebre y recibo a la criatura que decide nacer de madrugada.
Y cuido este pedazo de tierra de aquí, que era de mi madre.
Venderla, no la vendo. Tierra de madre no se vende, se hereda.
Pero ya estoy vieja para subir a la sierra, y hay cosas que solo nacen allá arriba.
Tráeme lo que necesito para el remedio, y hablamos de que tú cuides este pedazo.
No es un regalo. Es un trueque — y el trueque es como funcionan las cosas aquí.
Y fíjate: mi tierra es la primera después de tu cerca. Quien quiera llegar a la meseta de Benedito pasa por aquí, y por mí.
Ese puente se cayó porque nadie le pidió permiso al río cuando lo levantaron.
Ríete si quieres. Mi padre se rio, y fue a él a quien se llevó la crecida del setenta y siete.
Si vas a meterte con esa agua, mójate la mano y di en voz alta a qué viniste. No cuesta nada.
Ese papel ya lo vi. Vinieron a clavar uno igual en el tablón hace dos semanas, y se lo llevó la lluvia.
Bonita invitación. Letra de gente estudiada, papel de gente rica, y ningún nombre abajo.
Quien invita a todo el pueblo y no firma no quiere visitas, hijo. Quiere gente.
Si vas, lleva sal en el bolsillo. No me preguntes por qué — llévala.
Ya está hecho. La tierra es tuya y yo sigo en la casa de mi madre, que es donde voy a morir.
Dime qué quieres que salga de aquí y yo lo saco. Menos con la azada — de eso ya pagué mi parte.
Pero Cosme, mi nieto, vive aquí conmigo y tiene veintidós años. Ese sí aguanta el sol.
Habla con él también. Cada uno hace lo que el cuerpo le da.
Cuídala bien, que te estoy mirando. Y la tierra también.
Cuando necesites un té para el dolor de espalda, toca a la puerta. Quien trabaja así lo va a necesitar.
Dame la mano. La derecha.
Hum. Callos de herramienta aquí, aquí y aquí. Hace un mes esta mano era de gente de ciudad.
No es un elogio, es una constatación. Pero es una buena constatación.
Ya recorriste los tres hitos, ya escogiste el tuyo. Así que puedo hablarte claro.
Yo voy a misa por la mañana y voy al terreiro por la noche, y no hay ninguna contradicción en eso. Quien inventó que la hay fue gente que vino de afuera a decirnos lo que somos.
Pero por dentro cada uno sabe cuál es la suya. Yo sé cuál es la mía. Y ahora tú sabes cuál es la tuya.
Eso es todo lo que te quería enseñar, hijo. Lo demás es té.